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Posts Tagged ‘Albert Ellis’

Hola a todos, lo primero que queremos desearos desde EDF son unas muy felices fiestas!!!, bueno más bien unas fiestas de Navidad muy racionales, je, je…

Hoy es un día muy bonito para trabajar nuestras exigencias de una manera diferente. Como ya hemos comentado muchas veces nosotros somos los únicos responsables de nuestro malestar emocional, es lo que estamos pensando en ese momento, nuestro diálogo interno, el único responsable de nuestras emociones.

También hemos hablado en muchas ocasiones que cuando tenemos emociones que nos bloquean es debido a que en nuestro diálogo interno tenemos algunas exigencias, exigencias que estaría bien explorar y cuestionar puesto que son del todo irracionales.

Lo interesante es que con las herramientas que estamos aprendiendo nosotros aprendamos a cuestionar, nosotros mismos, nuestras propias exigencias.

Para identificar nuestras exigencias va muy bien el siguiente esquema: Como siempre nos dice Rafael todas las exigencias, todas las creencias irracionales las podemos clasificar en tres grupos:

– Debo hacer las cosas bien: No debo fallar. Debo hacerlo todo bien… Es la exigencia del éxito.

– Los demás deben tratarme como yo quiero: Los demás me deben tratar bien. Debo ser aceptado por la gente. Debo ser amado…Es la exigencia de la aprobación.

– Las cosas en la vida me deben ir bien: Las cosas tienen que ser fáciles y no me tienen que incomodar… Es la exigencia de la comodidad.

Nuestras emociones no las tenemos que cuestionar, son las que son y hay que aceptarlas, eso sí, hay emociones sanas e insanas. Lo que sí que tenemos que aprender a cuestionar son nuestros pensamientos. Decimos que hay emociones insanas porque nos bloquean y, hacen que nos boicoteemos nosotros mismos nuestros propios objetivos. El enfado, los nervios, la tristeza son emociones sanas, la rabia, la ira, la depresión o la ansiedad son insanas.

Por tanto, cuando experimentemos una emoción insana vamos a pararnos y vamos a hacer el esfuerzo de ver que es lo que estamos pensando en ese momento y en cuál de estos tres grupos de exigencias/creencias irracionales que hemos dicho antes, estamos.

Nuestras exigencias las tenemos que transformar en preferencias y las emociones entonces nos acompañaran.

Otro esquema importante a tener en cuenta es el siguiente: Cuando tenemos exigencias sean del grupo que sean también podemos ir un poco más allá y plantearnos lo siguiente: Cuando tenemos una creencia irracional, una exigencia ¿qué pensamos, qué nos decimos a nosotros mismos si no se cumple esa exigencia?

Podemos hacer igualmente tres grupos:

– Si no se cumple mi exigencia me condeno o condeno a los demás: “Soy un inútil” o “los demás son inútiles”. Importante trabajar entonces la autoaceptación incondicional de uno mismo y de los demás. Aquí como sentimiento suele aparecer la culpa que no es más que rabia sobre uno mismo o bien la rabia hacia los demás, la condena a los demás.

– Si no se cumple mi exigencia “NO puedo soportarlo”. Es la baja tolerancia a la frustración. No es verdad, porque si no pudiéramos soportarlo nos moriríamos y eso no suele ocurrir, ¿verdad? Cuando tenemos una baja tolerancia a la frustración es muy frecuente que como conductas pospongamos o evitemos situaciones y como emociones suelen aparecer la ira y la culpa.

– Si no se cumple mi exigencia “ES TERRIBLE”. Pero seguro que hay cosas más terribles que las nuestras…

A veces tenemos exigencias de los diferentes grupos y también si no se cumplen esas exigencias podemos decirnos a nosotros mismos más de una cosa: Condenarnos a nosotros mismos, catastrofizar, decirnos que no podemos soportarlo… es decir que a veces tenemos cosas de todos los grupos que hemos explicado.

En el caso de la ansiedad por ejemplo podemos tener ansiedad por tener a la vez la exigencia del éxito y de la aprobación: Debo ser perfecto y competente para conseguir la aprobación de los demás. Es la ansiedad del ego.

O bien podemos tener más ansiedad situacional: Más ligada con la exigencia de la comodidad: Las cosas deben ser fáciles porque si no, no lo puedo soportar.

O tener los dos tipos de ansiedades. Todo depende de las exigencias que tengamos cada uno y de nuestra rigidez.

Conclusión, ante una emoción insana, aprender a pararnos y descubrir nuestra exigencia y las consecuencias que tiene para nosotros el que no se cumpla esa exigencia. Pensar en estos grupos de los que hemos hablado, porque nos será más fácil identificar nuestras rigideces. A partir de identificar nuestro problemilla, transformar esas exigencias en preferencias a partir de argumentos lógicos que poco a poco estamos aprendiendo y valorar y analizar, las consecuencias que tienen para nosotros el que no se cumplan esas exigencias pero de manera realista.

Un beso a todos y FELIZ NAVIDAD!!

Mónica

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Hola a todos, en concordancia con el post anterior en el que hablábamos de las diferentes Escuelas de psicología, me gustaría transcribiros una sesión de Albert Ellis con una paciente, fue en un viaje que hizo a España y en el que gente del público salió para hacer una breve sesión de terapia con él. Aquí podréis ver el estilo que utilizaba Ellis, la sesión acabó con unas imágenes racionales emotivas que como no hemos explicado no os fijéis mucho en ellas, en el fondo se trata de conectar con la emoción exagerada y aprovechar esto para cambiar la creencia irracional por la creencia racional.

Aquí es interesante ver cómo hace el debate de las creencias irracionales de la paciente y como le pone deberes para casa que es dónde realmente hay que trabajar. Es importante que nos fijemos en el debate para ir haciéndolo nosotros con nosotros mismos.

Un beso a todos,

Mónica

 – Bien Rosa, ¿qué problema quieres que tratemos?

– Pues, con respecto a mi trabajo, a mi situación laboral.

– ¿Qué problema es ese?

– No me gusta mi trabajo y me gustaría cambiarlo.

– Así que estás como atascada en este trabajo, ¿cómo te sientes? ¿qué sensación te prouce el estar atascada en ese trabajo?

– Pues creo que el estrés que llevo diario, tengo muchísimo estrés y ansiedad y mucas veces cuando pienso en lo que estoy haciendo  en lo que no puedo hacer que me gustaría, pues me pongo malísima.

– Así que te produce mucha ansiedad el hecho de estar allí empantanada en ese trabajo. ¿Qué es lo que te estás diciendo a ti misma para que el trabajo te produzca ansiedad?

– Que estoy perdiendo el tiempo, porque no hago lo que me gusta y me siento muy mal, es que me siento fatal.

– Pero no te estás también añadiendo: “Tengo que tener un trabajo mejor, tengo que tener un trabajo diferente y estoy atascada en este”

– No me digo “tengo que”, pero sí que me gustaría tener un trabajo en el que me realizara y me fuera bien.

– Pero si simplemente estás decepcionada o triste entonces si estás diciendo lo de me gustaría, pero si dices que te produce ansiedad, entonces es porque te estás diciendo “tengo que conseguir otro trabajo, este es horrible”, no estarías ansiosa sin esa segunda parte, ¿lo comprendes?

– Sí, pero tengo que…

– Pero ¿por qué tienes que tener otro trabajo?, es preferible y deseable, pero  ¿por qué tienes que tener otro trabajo ahora mismo?

– Porque creo que me sentiría mejor, es que ahora mismo estoy en una situación en la que todos los días me siento muy mal.

– Eso sería preferible, pero ¿por qué tienes que tener un trabajo mejor y ser más feliz?

– Porque es lo normal y no, estoy todo el día muerta de asco y ya está, pero, no sé, es que tengo aspiraciones y me gustaría estar mejor, estoy sufriendo con el trabajo que tengo.

– Eso está muy bien, el deseo de ser mejor y más feliz, pero en el momento que dices: “tengo que ser feliz y tengo que tener otro trabajo” entonces es cuando te va a entrar la ansiedad, hay que tener la preferencia tanto como la obligación, la necesidad, el tengo que, porque si simplemente dieras quiero un trabajo mejor pero tampoco lo necesito, entonces seguirías estando incómoda en tu trabajo pero no te sentirías ansiosa ni deprimida por ello. Cuando tienes ansiedad respecto al trabajo ¿que es lo que sientes de ti misma por sentir ansiedad?

– No lo siento, es lo que pienso

– Cuando tienes ansiedad y sabes que estás teniendo ansiedad ¿cómo te sientes respecto a ti misma cuando te das cuenta que tienes ansiedad?

– En parte me menosprecio un poco, porque pienso que me desaprovecho por estar haciendo un trabajo y pensando en hacer otra cosa que me gusta más, esa es la situación.

– Bien pero cuando dices no me gusta mi ansiedad, me gustaría no tenerla, eso está bien, pero si te humillas o piensas mal de ti misma por tener ansiedad, empiezas a castigarte a ti misma, por estar ansiosa y luego te dices, quiero un trabajo mejor, no me gusta este trabajo, pero no digas “tengo que tenerlo” porque si no eso interfiere con la posibilidad de tener un mejor trabajo. Ahora vamos a intentar darte unas imágenes racionales emotivas. Cierra los ojos. Imagina que estás ahí atascada en ese trabajo que no puedes cambiarte y te produce mucha ansiedad, imagínate que esa situación es real, puedes imaginarla ¿cómo te sientes respecto a esa imagen?

– Que me gustaría dejarlo todo y salir corriendo o algo así.

– Así que tienes muchísima ansiedad ahora, entra en contacto con esa sensación de falta de esperanza, de no poder hacer nada y manteniendo la misma imagen de que estás atascada oblígate a sentirte muy frustrada y muy decepcionada, pero no sin ninguna esperanza, simplemente frustrada y decepcionada, dímelo cuando lo consigas.

– Sí

– Bien, abre los ojos, ¿cómo conseguiste cambiar los sentimientos?

– He pensado en que existe una posibilidad de cambiar de trabajo, que puedo encontrarla epor algún lado.

– Bien, has visto la falta de esperanza la has cambiado a esperanza, porque has cambiado a un estado distinto, así que durante los próximos treinta días durante un minuto siéntete totalmente desesperanzada por estar en ese trabajo y que te entre esa ansiedad y piensa lo mismo que has hecho hoy y utiliza afirmaciones como: mala suerte que estés atascada ahí pero no siempre voy a estarlo y puedo ser un ser humano feliz y haz eso durante una vez al día.

– ¿Qué es lo que te gusta hacer y que hagas todos los días?

– Pintar

– Muy bien, sólo puedes pintar después de hacer las imágenes racionales emotivas ¿qué es lo que odias y tengas que hacer todos los días aparte del trabajo?

– El trabajo en casa.

– Si llega la hora de acostarte y  no has hecho el ejercicio, te quedas una hora limpiando la casa y si queda demasiado limpia, limpia la del vecino

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Dicen que la terapia racional emotivo conductual (TREC) nació cuando Albert Ellis estaba pasando consulta a una paciente que sesión tras sesión culpaba a su padre de todo su malestar emocional. Por aquel entonces Albert Ellis practicaba el psicoanálisis y ni corto ni perezoso le soltó a su paciente: “Por Dios, deje a su padre en paz!!, su padre murió hace 20 años!!”. En aquel momento se produjo un cambio de chip tanto para la paciente como para Albert Ellis. En ese momento empezó la TREC.

En muchas ocasiones culpamos a nuestro pasado de nuestro malestar emocional. Nos cuesta asumir la responsabilidad de nuestras emociones. Culpamos a aquel acontecimiento, a aquella persona que nos hizo tanto daño!!!… de nuestra situación emocional actual. Nos olvidamos constantemente que no es el acontecimiento, aquel amigo, nuestro padre… el que nos provoca el malestar emocional sino que es lo que nosotros pensamos sobre ese acontecimiento, sobre el amigo, sobre nuestro padre… Nosotros somos los únicos responsables!!!, nosotros escogemos como queremos encontrarnos.

Con el pasado ocurre una cosa muy curiosa y es que le damos mucho valor, sin embargo, el pasado fue de la única manera que pudo ser y el futuro será de la única manera que podrá ser. Sobre el futuro  aún tenemos alguna posibilidad de trabajo, pero anclarnos en el pasado es muy absurdo porque por mucho que nos empeñemos no lo vamos a poder cambiar. El acontecimiento pasado no es el que nos causa una perturbación sino que soy yo el responsable de mantener esa perturbación en mi cabeza. Tenemos que desconectar lo que ocurrió con lo que pasa ahora en nuestras vidas.

Igualmente, muchas veces tenemos la creencia irracional de que si en el pasado hubiera tomado la alternativa que no tomé las cosas me hubieran ido mejor. Eso es totalmente falso porque no tenemos ninguna prueba de que las cosas nos hubieran ido mejor, también solemos tener por ahí la creencia irracional de que “o sí o sí, siempre debo escoger la buena elección”… En definitiva tenemos muchas creencias irracionales relacionadas con el pasado.

Aquí van algunas creencias que nos pueden servir para cuestionar esas creencias irracionales relacionadas con el pasado:

– Lo que es pasado ya está dicho y hecho. Lo que es importante es lo que puedo darle a mi presente y a mi futuro.

– Es mejor concentrarme en lo que estoy haciendo hoy, en vez de concentrarme en lo que hice o no hice ayer.

– Es mejor ocuparme en el presente, en lugar de preocuparme acerca del pasado.

– El pasado ya no va a ser mejor, ya pasó.

– Las malas decisiones que se tomaron en el pasado no tienen por qué repetirse en el presente.

– Porque algo pasó una vez, no significa que tenga que seguir pasando.

– No puedo reescribir la historia y cambiar las cosas que pasaron.

– Reclamar por las injusticias del pasado no va a hacer que nos sintamos mejor.

– Haber sido tratado, injustamente, en el pasado es una de las razones importantes, para tratarme a mí mismo justamente, en el presente.

– Puedo usar lo que no me mato en el pasado para hacerme más fuerte, emocionalmente, en el presente.

– El trato de algunas personas hacia mí como si yo no valiera, no significa que yo no valgo. Lo que alguien dice no es automáticamente cierto.

– Sentir lástima por mí mismo, enojo con los otros, culpa o vergüenza sólo me ayuda a mantenerme lejos de la felicidad en el presente y en el futuro.

– Lo que yo me diga a mí mismo en el presente es mucho más importante que lo que los demás me hayan dicho en el pasado.

– Las experiencias pasadas no me representan. Representan vivencias, que he experimentado, pero no me hacen mejor o peor persona.

– Mi pasado no es mi enemigo. Mi enemigo es la manera como yo pienso sobre mi pasado.

– Lo que me ha pasado es importante, pero más importante es lo que yo decida hacer con eso.

– Voy a tratar de surgir poniendo mi pasado atrás y cambiando mis pensaientos y sentimientos acerca de eso, pero no voy a lastimarme a mí mismo, si en algún momento no lo logro.

– Vivir bien es la mejor revancha.

Un beso a todos,

Mónica

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Hola a todos, continuo con la lectura de mi libro “Cómo mejorar las relaciones íntimas” de Albert Ellis, y he llegado a un capítulo que es muy bonito. En el libro nos recomiendan sustituir las críticas por el aprecio, pero ¿cómo se hace esto?.

Ahí van algunas directrices para conseguir esto:

–          Lo primero que hay que hacer es cambiar nuestra actitud con respecto al hecho de que nos critiquen. Es decir cambiar lo que estamos pensando sobre esa crítica.

–          Encuadrar las críticas dentro de un marco benigno, como algo benigno. La intención de las críticas puede ser de ayuda no de pelea.

En el libro sale un ejemplo muy bonito, ahí va.

Un beso a todos,

Mónica

“En cierta ocasión, Jolanta me estaba regañando por el hecho de no comprenderla suficientemente bien, y yo reaccioné a la defensiva demostrándole que sí que la comprendía, y que era ella la que no me comprendía a mí. Pero me detuve al darme cuenta de que, al expresar su enfado, lo que ella estaba haciendo en realidad era abrir la comunicación. Así pues, le agradecí que compartiera conmigo sus sentimientos y le dije que aquélla era una buena  contribución a nuestra comunicación y nuestro matrimonio.

Descubrir algo que apreciar supone a menudo crear algo que apreciar. A lo que me opuse fue a la forma que tuvo Jolanta de expresar su enfado, más que al hecho de su existencia. Para ella, sólo su postura parecía válida, emocionalmente, no daba opción a que yo pudiera tener un punto de vista diferente. Pero teniendo en cuenta que hay que aceptar a nuestra pareja tal y como es y que no es perfecta, los enfados de nuestra pareja pueden ser oportunidades para protegernos de nuestros propios enfados y para generar un enfoque más cooperativo y sin exigencias en nuestra comunicación”.

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Hola a todos, hoy os escribo desde un pueblecito de Burgos donde estoy veraneando. Aquí la vida es diferente, se vive en contacto con la naturaleza, no hay prisas. Es genial hablar con las personas mayores del pueblo porque te das cuenta que tienen una fortaleza emocional considerable. Han tenido una vida difícil, algunos pasaron cuando eran pequeñitos la guerra y las penurias de la posguerra y sin embargo, ahí están como campeones y disfrutando de lo que tienen. Aprendieron que cuando uno se cae se puede levantar y solo.

Pero hoy vamos a cambiar de tema, me estoy leyendo un libro muy interesante que me han dejado, “Como mejorar las relaciones íntimas”, es de Albert Ellis. Es un libro difícil de encontrar, pero si lo buscáis lo encontraréis en las bibliotecas. Me ha gustado un esquema que hay y que os voy a transcribir aquí a ver qué os parece.

Un beso a todos,

Mónica.

“LAS SIETE DIRECTRICES PARA UNA BUENA RELACIÓN DE PAREJA Y PARA UNA BUENA COMUNICACIÓN”

 1. Acepte a su pareja “tal como es”: Acepte que, si mantienen la relación es para encontrarse bien juntos, no para arreglar, reformar o perfeccionar a su pareja. Responsabilícese de sus propios sentimientos. Puede permitirse el influir en su pareja, pero no exigirle que tiene que cambiar y dele también la libertad para que influya en usted. Sí, para que le persuada y le informe.

2. Manifieste su aprecio con frecuencia: Reconozca con frecuencia las cosas buenas de su pareja, aunque sea por pequeñas cosas. Encuentre, descubra o, incluso, cree cosas que valora realmente en su pareja. Y hágaselo saber. La sinceridad y la honestidad son muy importantes aquí. Y evite una relación de tipo “asesino”, criticando frecuentemente a su pareja.

3. Comuníquese desde la integridad: Sea honesto respecto a las creencias y las evidencias que estén en desacuerdo con sus propios puntos de vista de lo que está sucediendo. Cuando su pareja tenga razón, admítalo. Sea sincero, pero con tacto. Acepte la existencia de diferentes percepciones de una misma cosa. Establezcan el acuerdo de no castigarse uno a otro, y háganlo honestamente. Acuerden que ambos van a ser honestos, y que van a creer en la honestidad del otro.

4. Comparta y explore las diferencias con su pareja: Explore los desacuerdos con su pareja con el fin de ir hacia una resolución superior que acepte partes de lo dos puntos de vista. O con el fin de estar de acuerdo en el desacuerdo. Además, esté dispuesto a llegar a un compromiso, sin fingir que está de acuerdo cuando, en realidad, no lo está.

5. Apoye los objetivos de su pareja: No renuncie a su propia integridad ni a sus puntos de vista o deseos importantes, pero vaya hasta donde se lo permita su honestidad par apoyar a su pareja, aún cuando usted esté claramente en desacuerdo.

6. Concédale a su pareja el derecho de equivocarse: Respete el derecho de ambos a ser una persona falible (su derecho a cometer errores y a aprender de sus experiencias y errores). No respete sólo su propio derecho a ser un ser humano proclive a equivocarse.

7. Reconsidere sus necesidades como objetivos: Objetivos que puede alcanzar con posterioridad. Cuando no consiga lo que quiere o desea, recuerde que no tiene por qué conseguir lo que quiere, ¡ahora o nunca!

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Muchas veces nos entra la neura de tener que ayudar a los demás y sobre todo a nuestros familiares. Nos llegamos a hacer incluso responsables de su felicidad!!!
Tengo un caso muy cercano, un familiar con tendencia a la depresión, desde siempre ese familiar ha estado en ese estado, muy pocas veces ríe, casi siempre está con cara de pocos amigos y es difícil verle disfrutar de las cosas. Su estado normal es estar ausente de las actividades que se puedan estar haciendo y, su visión de las cosas y de la vida es muy negativa.

Cuando tienes a alguien cercano y querido en este estado nos suele incomodar mucho. Nos podemos llegar a poner muy tristes. No nos gusta ver a un ser querido así. Es como cuando alguien nos llama para contarnos un problema y se nos pone a llorar. Uff!, realmente cuando la otra persona se pone a llorar, nosotros a nosotros mismos nos decimos que “no puede ser que llore”, “tiene que dejar de llorar como sea!!”.

Nos incomoda mucho esa situación por lo que nos decimos a nosotros mismos sobre esa situación, por cómo valoramos esa situación, no por el acontecimiento en sí. Y a veces lo que intentamos hacer como sea es que deje de llorar la otra persona, porque esa situación es insoportable para nosotros!!, pero más por lo incómodo que nos resulta a nosotros esa situación en sí. Es curioso ¿verdad?. No digo que no nos interese lo que le pueda pasar a la otra persona, pero existen una serie de situaciones que intentamos evitarlas como sea, o intentar que duren lo menos posible por la valoración que hacemos nosotros mismos de esas situaciones.

El caso es que a veces con los familiares actuamos de manera curiosa. En este caso que os cuento de este familiar, a mí durante muchos años me entró la neura de hacer todo lo posible para que estuviera bien, organizar actividades, viajes, regalos, cosas en las que ese familiar se pudiera sentir bien y disfrutar. He tardado muchos años en darme cuenta que cada uno somos responsables de nuestros sentimientos, y por lo tanto, de nosotros no dependen los sentimientos de los demás. Todas las actividades chulas que hemos organizado para mi familiar, no le han hecho cambiar, ha seguido igual…, porque realmente uno cambia cuando quiere cambiar, uno sale de la depresión cuando asume que él es el único responsable de estar depresivo. Hasta que eso no ocurra no se producirá ningún cambio.

Con este afán de ayudar a los familiares a veces lo que conseguimos es todo lo contrario, nos convertimos en facilitadores. Tendemos a protegerles en exceso, les intentamos dar un entorno seguro y así lo único que conseguimos es hacerles más débiles emocionalmente. Lo único que está en nuestras manos ante un familiar así, es decirle que en manos de un buen profesional el cambio es posible, pero primero tiene que querer cambiar. A veces con la neura de ayudar y ayudar a nuestros seres queridos lo que hacemos es fastidiarla.

Dom Dimattia un discípulo de Albert Ellis nos dijo hace unos meses en una conferencia: Cuando una persona deja de trabajar y coge la baja por depresión, sería aconsejable que no cobrara ni un céntimo. Un régimen garantista no ayuda a salir de la depresión. Hay que dar las herramientas adecuadas a estos pacientes para que espabilen y se quiten la etiqueta de “soy un pobre depresivo” y salgan de su entorno de seguridad que cada vez se hace más y más pequeño. Cobrar durante la baja no facilita su recuperación.

Es heavy Dimattia, eh?. Pero yo estoy totalmente de acuerdo y he cambiado el chip con mis familiares y amigos. Me encanta escuchar a los demás, pero no quiero favorecer en hacer más débiles a mis seres queridos. Se trata de, si sabes, ofrecerles las herramientas que puedan estar a nuestro alcance para que ellos solos tomen las riendas de sus problemas y nosotros, tener empatía hacia ellos que no es lo mismo que tener simpatía. Teniendo simpatía hacia ellos nos contagiamos de sus creencias y así poca ayuda les podemos ofrecer. Con empatía entendemos lo que les ocurre pero no compartimos sus creencias irracionales.

Resumiendo:

– No somos Dios y de nosotros no depende el bienestar de los demás.
– Uno cambia cuando quiere cambiar sino, no hay nada que hacer.
– No nos incomodan las situaciones sino, lo que nosotros pensamos sobre las situaciones.
– A veces hay situaciones que nos incomodan tanto, como ver sufrir a un ser querido, que intentamos evitar y solucionar esas situaciones como sea. Por ejemplo cuando alguien llora. Podemos soportar que alguien llore y nosotros simplemente estar ahí sin hacer nada y estar bien. Estando nosotros tranquilos podremos dar más sosiego al que nos cuenta sus problemas. Se trata de tener una actitud de empatía y no de simpatía hacia el familiar o amigo.
– Todos si queremos podemos buscar las herramientas para solucionar nuestros problemas.
– Cada uno somos responsables de nuestros propios sentimientos.
– Intentar estar nosotros bien y felices es la mejor ayuda que podemos ofrecer.

Un beso a todos,

Mónica

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Desde siempre me han incomodado mucho las personas que en sus conversaciones elevan el tono de voz más de la cuenta. Quiero decir, aquellas personas que cuando hablas con ellas, utilizan los gritos y las malas maneras para dirigirse, en algunas ocasiones, a los demás. Seguro que todos conocéis a alguien que a veces se comporta así. 

Hoy me apetece hablar de este tema porque creo que es muy interesante. Hace unos días tuve una situación de éstas. En una reunión coincidí con alguien que se comporta habitualmente de esta manera. Chilla si se le lleva la contraria, gesticula exageradamente… Tengo que reconocer que a mí estas situaciones siempre me han incomodado mucho y… sabiendo la manera de comportarse de esa persona, siempre la he intentado evitar. Como veis otra de las tapaderas que utilizamos, si algo nos incomoda lo intentamos evitar… 

Lo que pasó es que esta vez fue imposible evitar esa reunión y en esa reunión se dijeron cosas que no le gustaron nada a esa persona en cuestión, con lo cual tuvo uno de sus ataques de ira bastante potente… en aquel momento, yo me bloqueé completamente y no fui capaz de articular palabra sobre lo que tenía que decirle. Cuando se dirigía a mí, lo hacía en plan despectivo, criticando de manera exagerada cosas del trabajo con tono agresivo e irónico a la vez. Tengo que deciros que yo me bloqueé completamente, no fui capaz de defenderme y se me hizo un nudo en la garganta que tardó un poquito en deshacerse… Además por dentro me decía a mi misma: ¡¡Por Dios, no se te ocurra ponerte a llorar ahora!!!, y eso hacía a la vez que el nudo se hiciera más grande!!! La reunión se acabó y yo me quedé un poco hecha polvo por la tensión de aquella situación… 

Ni que decir tiene que en los días siguientes intentaba no coincidir ni en el descansillo del ascensor con esa persona!!, mi conducta de evitación se había afianzado. Incluso evitaba las horas en las que esa persona cogía el ascensor!! 

Estos días he reflexionado mucho sobre ese incidente y he llegado a conclusiones interesantes que quizás nos sirvan a todos para superar situaciones en las que se produce un abuso verbal por parte de otras personas:

–         No es la otra persona con su abuso verbal la que nos produce la incomodidad, es lo que nosotros pensamos sobre esa situación lo que nos produce la incomodidad.

–         En el fondo cuando se está produciendo esa situación, pensamos que no la podemos soportar y eso no es verdad, podemos soportar perfectamente un chorreo verbal de alguien con un tono subido. Simplemente es una situación incómoda, pero ¿por qué vamos a elevar a insoportable lo que solamente es incómodo?

–         ¿Hay alguna razón para tener miedo a alguien que expresa sus opiniones de malas maneras?. No hay ninguna razón, simplemente si que habría que vigilar si nuestra vida corriera peligro, pero si no es el caso, no tenemos por qué tener miedo a esas situaciones. ¿Qué nós podría pasar?

–         La persona que actúa así, no está actuando de manera correcta, pero eso no la invalida 100% como persona. Simplemente está actuando de manera irracional.

–         El evitar, ¿nos ayuda a nosotros a crecer?, ¿nos ayuda en nuestro objetivo de convertirnos en personas emocionalmente fuertes? No, simplemente evitamos el enfrentarnos a situaciones que nos incomodan.

–         Enfrentarnos a situaciones que nos incomodan a la brava, eso sí, habiendo reflexionado previamente sobre el tema, es un ejercicio genial. Porque nos ayuda a perder esos miedos irracionales que nos surgen tantas veces y que no tienen ningún sentido.

–         No podemos controlar como actúan los demás pero si que podemos controlar que las actuaciones de los demás no nos afecten tanto.

–         De todas maneras, es normal que a veces según que situaciones nos sorprendan tanto que no sepamos gestionarlas con calma y tranquilidad. Mantenernos impasibles delante de según que situaciones, sin que nos afecten, tampoco sería normal.  No es un objetivo realista! Eso es lo que les ocurre por ejemplo a las personas que tienen algún transtorno mental.

– Si lloráramos en una reunión de trabajo delante de todo el mundo tampoco sería terrible!!. Somos humanos, el llorar es una conducta humana. No pasa nada si se llora. La historia viene sobre lo que nos decimos nosotros a nosotros mismos sobre el llorar. ¿Qué significa para nosotros el llorar?. Por nuestra educación y cultura, somos muchos los que pensábamos que llorar es igual a ser una persona débil, no apta quizás para ocupar según qué puesto de trabajo… Las lágrimas lo que nos demuestran es que somos humanos y que tenemos sentimientos.

–         Otra conducta que podemos tener en estas situaciones es la de utilizar nosotros también el abuso verbal, los gritos… esto suele ocurrir con frecuencia y entonces con nuestra conducta lo que hacemos es agravar el asunto, puesto que no vamos a mejorar la conducta de la otra persona, sino que seguramente empeoraremos la situación.

– A veces también nos decimos a nosotros mismos: ¡¡¡Es que yo no tengo por qué aguantar eso!!!. En la vida las cosas no nos salen siempre como nos gustarían, ni las personas de nuestro alrededor se comportan siempre como nos gustarían. Justamente el aprender a lidiar con situaciones así nos hará más fuertes emocionalmente.

–         Desde la calma y la tranquilidad podremos ver mejor las soluciones a nuestros problemillas y ¿por qué no?, si somos capaces de dirigirnos tranquilamente a esa persona, será también un aprendizaje para ella, puesto que en el fondo con sus gritos no consigue más que boicotear sus propios objetivos. 

Total que después de todas estas reflexiones he pasado a la acción y me he dicho a mi misma que ya se ha acabado de evitar estas situaciones incómodas, es más, si puedo las voy a buscar, sin hacer nada extraordinario, pero no voy a hacer por evitarlas. Así será una oportunidad para trabajar mi soportantitis y demostrarme a mí misma que este tipo de situaciones las puedo soportar perfectamente.

Ya no voy a evitar más a esa persona, la próxima vez que coincida con ella, no bajaré la cabeza,  la miraré directamente a los ojos y a ver qué pasa… no para desafiarla, ni mucho menos, sino cordialmente, sin perder de vista que esa persona puede actuar de manera locuela pero que eso no la invalida como persona. Y si se dan situaciones de chillidos, gritos, insultos… en definitiva de abuso verbal, serán unas oportunidades fantásticas para mí para practicar lo aprendido!!! 

Un beso a todos, 

Mónica

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