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Posts Tagged ‘Albert Ellis’

Hola, amigo/as:

El próximo día 1 de abril llevaremos a cabo una presentación de mi libro «Las gafas de la felicidad» en La casa del libro de Barcelona, en Rambla de Catalunya. A las 19h de la tarde, entrada libre.

Charlaré un rato de psicología y luego firmaré ejemplares a todos los que lo deseen.

***********************
Y el próximo 3 y 4 de abril estaré en Sevilla con otra presentación, aunque todavía no tengo datos sobre dónde será. En los próximos días lo anunciaré aquí.
Abrazo!!!

Rafael Santandreu

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Hola, chicos

Cuelgo un programa de Para todos la 2, especialmente polémico y difícil de entender: «los límites de la ayuda». Seguramente, mucha gente no verá claro cuando digo que «hay que ayudar menos» y que «Cáritas no es la solución». Pero me parece un tema fundamental para entender bien las relaciones.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/paratodosla2-rsantandreu-20140319-1130/2456247/

Y, otra semana más, regalamos 5 ejemplares de Las gafas de la felicidad, que sale hoy mismo a la venta. Entrad en el Facebook de «Para todos la 2» y responded a una pregunta que se plantea allí.

Abrazo!!!

Rafael

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Hoy hablamos de un gran modelo de fortaleza emocional: Mahatma Gandhi, un campeón de la Aceptación Incondicional de los Demás.

Por cierto, animo a todo el mundo a que leáis la Autobiografía de Gandhi; a ver si os volvéis gandhianos como yo.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-entrevista-rafael-santandreu-aceptacion-incondicional/2110427/

Abrazo!!

Rafael

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Hace dos años más o menos, o quizás tres!!, uff!! cómo pasa el tiempo… cuando Rafael acababa de inaugurar su blog, escribió un artículo muy interesante que se titulaba: «Las críticas que sientan bien», es un artículo que me gustó mucho y me pareció revelador, os animo a que lo busquéis y lo leáis. Hoy he recordado un episodio que me pasó hace unos días, que ya había olvidado y, que tiene que ver con ese artículo que escribió Rafael hace tiempo, tiene que ver con las críticas…

Uno de mis defectos es que soy súper impuntual… sí ya sé que no está bien… pero  por mucho que me lo proponga no hay manera, incluso mis compañeros de trabajo me hacen trampitas para que consiga llegar puntual. La última fue que cada vez que llegara tarde tendría que pagarles el desayuno!!!, al final por pena, me dejaron estar… porque encima de llegar tarde, me hubiera arruinado!!!

No hay manera!!!, dicen que es una baja tolerancia a la frustración, que quiero que el tiempo se adapte a mí… no sé… cuando me pongo nerviosa porque llego tarde me acuerdo de lo que decía el jefe samoano: «El tiempo es paz y tranquilidad…», pero claro, eso me lo he grabado con fuego y no me ayuda a espabilarme… je, je… y… llego tarde. Evidentemente la culpa no es del jefe samoano, es una broma… es como si ya me hubiera acostumbrado a esos nervios que se sienten cuando llegas tarde a los sitios… mi familia y amigos ya me han dejado por imposible, hasta mis hijos bromean con mi impuntualidad… es lo que hay y estaría bien que lo cambiara algún día, ¡¡¡claro que sí!!!

Pero bueno, el post de hoy viene porque el otro día en una reunión una persona delante de todos los presentes, se quejó de mi impuntualidad, no venía a cuento, pero explotó y soltó sapos y culebras por su boca. Yo aluciné, primero me sorprendí de que el centro de la reunión no fuera el tema a tratar sino mi impuntualidad!!! y más cuando a esa persona no le afecta mi impuntualidad en sus labores… y luego me empezó a entrar una rabia que casi exploto, mis venas se iban hinchando poco a poco… No me lo podía creer!!!, cómo se atreve!!!, delante de todo el mundo!!!!, menuda petarda!!! pero ¿qué pretende?, evidentemente no vi en su crítica una oportunidad de aprendizaje, de entrenamiento de lo que estamos aprendiendo, ni de nada….le hubiera tirado mi libreta de notas a la cabeza….

Sí, ya lo sé, todo muy irracional, la TREC no me funcionó…Lo gracioso es que lo que a mí realmente me sentó mal no fue la crítica en sí, sino que lo dijera delante de todo el mundo, me dio VERGÜENZA que se sacara un defecto mío…. y más cuando mi exigencia perfeccionista aún anda por ahí haciendo de las suyas… y el resultado es que sentí rabia hacia aquella persona. Al final no hice nada, con una sonrisa falsa aguanté el chaparrón aunque por dentro era una olla en ebullición.

Pero luego en casa reflexioné sobre el tema, estaba claro que tenía que trabajar algunos asuntillos….  Evidentemente el ser impuntual puede fastidiar a los demás, si fastidia en exceso habría que ver por qué… pero este no era mi caso, mi problemilla era ¿por qué me sentó tan mal esa crítica?

Después del sofocón mi cabecita abandonó la parte irracional y volvió a la lógica:

– «Mónica, que los demás te critiquen no es tan malo, que yo haya sentido rabia por lo qué pensaba de esa crítica es muy irracional, primero porque es probable que algunas actitudes mías puedan incomodar a la gente, yo no soy perfecta y a veces no actúo de la mejor manera… segundo, porque no tengo por qué caer bien a todo el mundo y tercero que se diga en público que soy impuntual no es tan grave, o ¿a caso no es verdad que llego tarde?, si esa persona lo dice con rabia y le afecta en exceso es su problema y no el mío, pero el contenido es cierto: Llego tarde y eso puede resultar un poco incómodo que no terrible para los demás…»

– La vergüenza de que nos saquen los trapos sucios delante de los demás no tiene razón de ser, a veces no actuamos de la mejor manera y es así, que se haya puesto de manifiesto mi impuntualidad puede ser una oportunidad de aprendizaje para mí, primero de ejercicio contra la vergüenza y segundo es una oportunidad para que me responsabilice de mi impuntualidad y  me anime a ser puntual.

– Las críticas pueden ser oportunidades para mejorar. Para mejorar mi vergüenza y mi impuntualidad.

– La condena a quien hace la crítica también es muy irracional, ¿o es que todo el mundo tiene que comportarse como a mí me gustaría?

– La condena a uno mismo por ser impuntual tampoco tiene lógica, o ¿es qué yo soy sólo mi impuntualidad?, es interesante que me responsabilice de mi impuntualidad pero responsabilizarse no significa condenarse.

Todo esto rebajó mi rabia hacia la persona autora de la crítica, ¿por qué no va a tener derecho a expresar lo que siente sea o no racional…?, la gente no tiene ninguna obligación de comportarse como a mí me gustaría y… todo esto me hizo reflexionar sobre lo bueno que sería aprender a ser puntual… todo un aprendizaje!!!, como dijo Rafa: «Las críticas que sientan bien…»,

Un beso a todos,

Mónica

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ikeaHace tan solo unas semanas me llamó mi madre para pedirme que le acompañase de compras a Ikea, la macro-tienda de muebles. Le pedimos el utilitario al mi hermano pequeño y nos plantamos allí un sábado por la mañana.

Siempre me lo paso genial con ella; es una mujer divertida y agradable que, además, le encanta la decoración y se conoce Ikea mejor que los empleados de la tienda. Y así estuvimos comprando muebles para ella y algunos cachivaches para mí. Entre medias, reímos probando los dos juntos un colchón minúsculo –y cayéndonos por los lados- o escogiendo “la cortina más hortera” de la tienda.

Cuando acabamos de comprar, pagamos en la caja y fuimos a buscar la mercancía en un mostrador de entrega. Cogimos número y nos pusimos a esperar turno.

Pasó un cuarto de hora, veinte minutos, veinticinco, ¡media hora! ¡Y la cola no había avanzado nada! Definitivamente, algo sucedía. No es normal esperar tanto tiempo allí.

Pasar la mañana en Ikea es cansado porque se trata de una tienda enorme con varios pisos y acabas caminando varias horas, compres mucho o poco. Así que aquella espera extra era demasiado para mi paciencia y mis pies doloridos.

En ese momento, sentí que una fuerte emoción de impaciencia y enfado subía por mi cuerpo y empecé a decirme a mí mismo: “¡Joder, pero cómo es posible que tarden tanto! ¿Hasta cuándo nos van a tener aquí? ¡Esos currantes se lo toman con una calma increíble! ¡Ya casi son las 8 de la noche y voy a llegar tarde para ver el Barça!”

Las emociones negativas iban creciendo rápido. ¡Lo notaba claramente en mi interior!  Miré a mi madre y ella estaba tan contenta ojeando un catálogo. Y, entonces, tuve la lucidez de darme cuenta de lo que estaba haciendo y me detuve. “¡STOP!”, me dije, “¡Rafael, contrólate ya mismo!”. Como sólo habían pasado unos segundos, ni siquiera un minuto, lo conseguí con facilidad.

Lo siguiente fue muy bonito: me senté en uno de los bancos que tienen allí para los clientes, saqué mi ipod y seleccioné un álbum de Sting que hace tiempo que no escucho. Y, en minutos, empecé a sentirme bien. Me dije a mí mismo: “Puedo estar aquí tan tranquilo y relajarme. ¿Quién dice que no? Hace buena temperatura, no tengo hambre ni sed: disfrutemos del momento”.  Y, volià, ¡me relajé!

Y, mientras estaba allí, escuchando la buena música de Sting, tuve un recuerdo maravilloso de mi infancia. Recordé una ocasión en la que mi madre y yo fuimos a una zapatería de mi barrio. Debería tener 8 años. La Zapatería Querol era un comercio grande y hermoso y, mientras mi madre se probaba zapatos de tacón, yo estaba sentado en un banco, simplemente esperando. Recuerdo que me encontraba muy bien.

Era un viernes por la noche de un fantástico día de verano en Barcelona. Era feliz y estaba plenamente satisfecho de la vida, allí, sencillamente esperando a mi hermosa y cariñosa madre. Recuerdo que, en un momento dado, vi a un adolescente sentado en una silla enfrente. Era el hijo de la dueña de la tienda, buena amiga de mi madre. Y con mis ojos de niño curioso, me fijé en cómo vestía: moderno como pocos. Su corte pelo, su manera al sentarse… Me moló su estilo. Yo sería un chico guay como él.

De repente, mi madre me llamó:

–          Rafa, venga, vamos que ya estamos.

Salí de pensamientos, cogí la mano de mi madre y puse el pie en la calle. En esa maravillosa calle de mi dulce barrio de mi fantástica infancia.

Aquella noche, en Ikea, sucedió lo mismo:

–          Rafa, vamos a buscar los muebles. Ya es nuestro turno – me dijo ella.

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Hola a todos, lo primero que queremos desearos desde EDF son unas muy felices fiestas!!!, bueno más bien unas fiestas de Navidad muy racionales, je, je…

Hoy es un día muy bonito para trabajar nuestras exigencias de una manera diferente. Como ya hemos comentado muchas veces nosotros somos los únicos responsables de nuestro malestar emocional, es lo que estamos pensando en ese momento, nuestro diálogo interno, el único responsable de nuestras emociones.

También hemos hablado en muchas ocasiones que cuando tenemos emociones que nos bloquean es debido a que en nuestro diálogo interno tenemos algunas exigencias, exigencias que estaría bien explorar y cuestionar puesto que son del todo irracionales.

Lo interesante es que con las herramientas que estamos aprendiendo nosotros aprendamos a cuestionar, nosotros mismos, nuestras propias exigencias.

Para identificar nuestras exigencias va muy bien el siguiente esquema: Como siempre nos dice Rafael todas las exigencias, todas las creencias irracionales las podemos clasificar en tres grupos:

– Debo hacer las cosas bien: No debo fallar. Debo hacerlo todo bien… Es la exigencia del éxito.

– Los demás deben tratarme como yo quiero: Los demás me deben tratar bien. Debo ser aceptado por la gente. Debo ser amado…Es la exigencia de la aprobación.

– Las cosas en la vida me deben ir bien: Las cosas tienen que ser fáciles y no me tienen que incomodar… Es la exigencia de la comodidad.

Nuestras emociones no las tenemos que cuestionar, son las que son y hay que aceptarlas, eso sí, hay emociones sanas e insanas. Lo que sí que tenemos que aprender a cuestionar son nuestros pensamientos. Decimos que hay emociones insanas porque nos bloquean y, hacen que nos boicoteemos nosotros mismos nuestros propios objetivos. El enfado, los nervios, la tristeza son emociones sanas, la rabia, la ira, la depresión o la ansiedad son insanas.

Por tanto, cuando experimentemos una emoción insana vamos a pararnos y vamos a hacer el esfuerzo de ver que es lo que estamos pensando en ese momento y en cuál de estos tres grupos de exigencias/creencias irracionales que hemos dicho antes, estamos.

Nuestras exigencias las tenemos que transformar en preferencias y las emociones entonces nos acompañaran.

Otro esquema importante a tener en cuenta es el siguiente: Cuando tenemos exigencias sean del grupo que sean también podemos ir un poco más allá y plantearnos lo siguiente: Cuando tenemos una creencia irracional, una exigencia ¿qué pensamos, qué nos decimos a nosotros mismos si no se cumple esa exigencia?

Podemos hacer igualmente tres grupos:

– Si no se cumple mi exigencia me condeno o condeno a los demás: «Soy un inútil» o «los demás son inútiles». Importante trabajar entonces la autoaceptación incondicional de uno mismo y de los demás. Aquí como sentimiento suele aparecer la culpa que no es más que rabia sobre uno mismo o bien la rabia hacia los demás, la condena a los demás.

– Si no se cumple mi exigencia «NO puedo soportarlo». Es la baja tolerancia a la frustración. No es verdad, porque si no pudiéramos soportarlo nos moriríamos y eso no suele ocurrir, ¿verdad? Cuando tenemos una baja tolerancia a la frustración es muy frecuente que como conductas pospongamos o evitemos situaciones y como emociones suelen aparecer la ira y la culpa.

– Si no se cumple mi exigencia «ES TERRIBLE». Pero seguro que hay cosas más terribles que las nuestras…

A veces tenemos exigencias de los diferentes grupos y también si no se cumplen esas exigencias podemos decirnos a nosotros mismos más de una cosa: Condenarnos a nosotros mismos, catastrofizar, decirnos que no podemos soportarlo… es decir que a veces tenemos cosas de todos los grupos que hemos explicado.

En el caso de la ansiedad por ejemplo podemos tener ansiedad por tener a la vez la exigencia del éxito y de la aprobación: Debo ser perfecto y competente para conseguir la aprobación de los demás. Es la ansiedad del ego.

O bien podemos tener más ansiedad situacional: Más ligada con la exigencia de la comodidad: Las cosas deben ser fáciles porque si no, no lo puedo soportar.

O tener los dos tipos de ansiedades. Todo depende de las exigencias que tengamos cada uno y de nuestra rigidez.

Conclusión, ante una emoción insana, aprender a pararnos y descubrir nuestra exigencia y las consecuencias que tiene para nosotros el que no se cumpla esa exigencia. Pensar en estos grupos de los que hemos hablado, porque nos será más fácil identificar nuestras rigideces. A partir de identificar nuestro problemilla, transformar esas exigencias en preferencias a partir de argumentos lógicos que poco a poco estamos aprendiendo y valorar y analizar, las consecuencias que tienen para nosotros el que no se cumplan esas exigencias pero de manera realista.

Un beso a todos y FELIZ NAVIDAD!!

Mónica

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Hola a todos, en concordancia con el post anterior en el que hablábamos de las diferentes Escuelas de psicología, me gustaría transcribiros una sesión de Albert Ellis con una paciente, fue en un viaje que hizo a España y en el que gente del público salió para hacer una breve sesión de terapia con él. Aquí podréis ver el estilo que utilizaba Ellis, la sesión acabó con unas imágenes racionales emotivas que como no hemos explicado no os fijéis mucho en ellas, en el fondo se trata de conectar con la emoción exagerada y aprovechar esto para cambiar la creencia irracional por la creencia racional.

Aquí es interesante ver cómo hace el debate de las creencias irracionales de la paciente y como le pone deberes para casa que es dónde realmente hay que trabajar. Es importante que nos fijemos en el debate para ir haciéndolo nosotros con nosotros mismos.

Un beso a todos,

Mónica

 – Bien Rosa, ¿qué problema quieres que tratemos?

– Pues, con respecto a mi trabajo, a mi situación laboral.

– ¿Qué problema es ese?

– No me gusta mi trabajo y me gustaría cambiarlo.

– Así que estás como atascada en este trabajo, ¿cómo te sientes? ¿qué sensación te prouce el estar atascada en ese trabajo?

– Pues creo que el estrés que llevo diario, tengo muchísimo estrés y ansiedad y mucas veces cuando pienso en lo que estoy haciendo  en lo que no puedo hacer que me gustaría, pues me pongo malísima.

– Así que te produce mucha ansiedad el hecho de estar allí empantanada en ese trabajo. ¿Qué es lo que te estás diciendo a ti misma para que el trabajo te produzca ansiedad?

– Que estoy perdiendo el tiempo, porque no hago lo que me gusta y me siento muy mal, es que me siento fatal.

– Pero no te estás también añadiendo: «Tengo que tener un trabajo mejor, tengo que tener un trabajo diferente y estoy atascada en este»

– No me digo «tengo que», pero sí que me gustaría tener un trabajo en el que me realizara y me fuera bien.

– Pero si simplemente estás decepcionada o triste entonces si estás diciendo lo de me gustaría, pero si dices que te produce ansiedad, entonces es porque te estás diciendo «tengo que conseguir otro trabajo, este es horrible», no estarías ansiosa sin esa segunda parte, ¿lo comprendes?

– Sí, pero tengo que…

– Pero ¿por qué tienes que tener otro trabajo?, es preferible y deseable, pero  ¿por qué tienes que tener otro trabajo ahora mismo?

– Porque creo que me sentiría mejor, es que ahora mismo estoy en una situación en la que todos los días me siento muy mal.

– Eso sería preferible, pero ¿por qué tienes que tener un trabajo mejor y ser más feliz?

– Porque es lo normal y no, estoy todo el día muerta de asco y ya está, pero, no sé, es que tengo aspiraciones y me gustaría estar mejor, estoy sufriendo con el trabajo que tengo.

– Eso está muy bien, el deseo de ser mejor y más feliz, pero en el momento que dices: «tengo que ser feliz y tengo que tener otro trabajo» entonces es cuando te va a entrar la ansiedad, hay que tener la preferencia tanto como la obligación, la necesidad, el tengo que, porque si simplemente dieras quiero un trabajo mejor pero tampoco lo necesito, entonces seguirías estando incómoda en tu trabajo pero no te sentirías ansiosa ni deprimida por ello. Cuando tienes ansiedad respecto al trabajo ¿que es lo que sientes de ti misma por sentir ansiedad?

– No lo siento, es lo que pienso

– Cuando tienes ansiedad y sabes que estás teniendo ansiedad ¿cómo te sientes respecto a ti misma cuando te das cuenta que tienes ansiedad?

– En parte me menosprecio un poco, porque pienso que me desaprovecho por estar haciendo un trabajo y pensando en hacer otra cosa que me gusta más, esa es la situación.

– Bien pero cuando dices no me gusta mi ansiedad, me gustaría no tenerla, eso está bien, pero si te humillas o piensas mal de ti misma por tener ansiedad, empiezas a castigarte a ti misma, por estar ansiosa y luego te dices, quiero un trabajo mejor, no me gusta este trabajo, pero no digas «tengo que tenerlo» porque si no eso interfiere con la posibilidad de tener un mejor trabajo. Ahora vamos a intentar darte unas imágenes racionales emotivas. Cierra los ojos. Imagina que estás ahí atascada en ese trabajo que no puedes cambiarte y te produce mucha ansiedad, imagínate que esa situación es real, puedes imaginarla ¿cómo te sientes respecto a esa imagen?

– Que me gustaría dejarlo todo y salir corriendo o algo así.

– Así que tienes muchísima ansiedad ahora, entra en contacto con esa sensación de falta de esperanza, de no poder hacer nada y manteniendo la misma imagen de que estás atascada oblígate a sentirte muy frustrada y muy decepcionada, pero no sin ninguna esperanza, simplemente frustrada y decepcionada, dímelo cuando lo consigas.

– Sí

– Bien, abre los ojos, ¿cómo conseguiste cambiar los sentimientos?

– He pensado en que existe una posibilidad de cambiar de trabajo, que puedo encontrarla epor algún lado.

– Bien, has visto la falta de esperanza la has cambiado a esperanza, porque has cambiado a un estado distinto, así que durante los próximos treinta días durante un minuto siéntete totalmente desesperanzada por estar en ese trabajo y que te entre esa ansiedad y piensa lo mismo que has hecho hoy y utiliza afirmaciones como: mala suerte que estés atascada ahí pero no siempre voy a estarlo y puedo ser un ser humano feliz y haz eso durante una vez al día.

– ¿Qué es lo que te gusta hacer y que hagas todos los días?

– Pintar

– Muy bien, sólo puedes pintar después de hacer las imágenes racionales emotivas ¿qué es lo que odias y tengas que hacer todos los días aparte del trabajo?

– El trabajo en casa.

– Si llega la hora de acostarte y  no has hecho el ejercicio, te quedas una hora limpiando la casa y si queda demasiado limpia, limpia la del vecino

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Dicen que la terapia racional emotivo conductual (TREC) nació cuando Albert Ellis estaba pasando consulta a una paciente que sesión tras sesión culpaba a su padre de todo su malestar emocional. Por aquel entonces Albert Ellis practicaba el psicoanálisis y ni corto ni perezoso le soltó a su paciente: «Por Dios, deje a su padre en paz!!, su padre murió hace 20 años!!». En aquel momento se produjo un cambio de chip tanto para la paciente como para Albert Ellis. En ese momento empezó la TREC.

En muchas ocasiones culpamos a nuestro pasado de nuestro malestar emocional. Nos cuesta asumir la responsabilidad de nuestras emociones. Culpamos a aquel acontecimiento, a aquella persona que nos hizo tanto daño!!!… de nuestra situación emocional actual. Nos olvidamos constantemente que no es el acontecimiento, aquel amigo, nuestro padre… el que nos provoca el malestar emocional sino que es lo que nosotros pensamos sobre ese acontecimiento, sobre el amigo, sobre nuestro padre… Nosotros somos los únicos responsables!!!, nosotros escogemos como queremos encontrarnos.

Con el pasado ocurre una cosa muy curiosa y es que le damos mucho valor, sin embargo, el pasado fue de la única manera que pudo ser y el futuro será de la única manera que podrá ser. Sobre el futuro  aún tenemos alguna posibilidad de trabajo, pero anclarnos en el pasado es muy absurdo porque por mucho que nos empeñemos no lo vamos a poder cambiar. El acontecimiento pasado no es el que nos causa una perturbación sino que soy yo el responsable de mantener esa perturbación en mi cabeza. Tenemos que desconectar lo que ocurrió con lo que pasa ahora en nuestras vidas.

Igualmente, muchas veces tenemos la creencia irracional de que si en el pasado hubiera tomado la alternativa que no tomé las cosas me hubieran ido mejor. Eso es totalmente falso porque no tenemos ninguna prueba de que las cosas nos hubieran ido mejor, también solemos tener por ahí la creencia irracional de que «o sí o sí, siempre debo escoger la buena elección»… En definitiva tenemos muchas creencias irracionales relacionadas con el pasado.

Aquí van algunas creencias que nos pueden servir para cuestionar esas creencias irracionales relacionadas con el pasado:

– Lo que es pasado ya está dicho y hecho. Lo que es importante es lo que puedo darle a mi presente y a mi futuro.

– Es mejor concentrarme en lo que estoy haciendo hoy, en vez de concentrarme en lo que hice o no hice ayer.

– Es mejor ocuparme en el presente, en lugar de preocuparme acerca del pasado.

– El pasado ya no va a ser mejor, ya pasó.

– Las malas decisiones que se tomaron en el pasado no tienen por qué repetirse en el presente.

– Porque algo pasó una vez, no significa que tenga que seguir pasando.

– No puedo reescribir la historia y cambiar las cosas que pasaron.

– Reclamar por las injusticias del pasado no va a hacer que nos sintamos mejor.

– Haber sido tratado, injustamente, en el pasado es una de las razones importantes, para tratarme a mí mismo justamente, en el presente.

– Puedo usar lo que no me mato en el pasado para hacerme más fuerte, emocionalmente, en el presente.

– El trato de algunas personas hacia mí como si yo no valiera, no significa que yo no valgo. Lo que alguien dice no es automáticamente cierto.

– Sentir lástima por mí mismo, enojo con los otros, culpa o vergüenza sólo me ayuda a mantenerme lejos de la felicidad en el presente y en el futuro.

– Lo que yo me diga a mí mismo en el presente es mucho más importante que lo que los demás me hayan dicho en el pasado.

– Las experiencias pasadas no me representan. Representan vivencias, que he experimentado, pero no me hacen mejor o peor persona.

– Mi pasado no es mi enemigo. Mi enemigo es la manera como yo pienso sobre mi pasado.

– Lo que me ha pasado es importante, pero más importante es lo que yo decida hacer con eso.

– Voy a tratar de surgir poniendo mi pasado atrás y cambiando mis pensaientos y sentimientos acerca de eso, pero no voy a lastimarme a mí mismo, si en algún momento no lo logro.

– Vivir bien es la mejor revancha.

Un beso a todos,

Mónica

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