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Posts Tagged ‘Albert Ellis’

Hola, amigo/as:

El próximo día 1 de abril llevaremos a cabo una presentación de mi libro “Las gafas de la felicidad” en La casa del libro de Barcelona, en Rambla de Catalunya. A las 19h de la tarde, entrada libre.

Charlaré un rato de psicología y luego firmaré ejemplares a todos los que lo deseen.

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Y el próximo 3 y 4 de abril estaré en Sevilla con otra presentación, aunque todavía no tengo datos sobre dónde será. En los próximos días lo anunciaré aquí.
Abrazo!!!

Rafael Santandreu

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Hola, chicos

Cuelgo un programa de Para todos la 2, especialmente polémico y difícil de entender: “los límites de la ayuda”. Seguramente, mucha gente no verá claro cuando digo que “hay que ayudar menos” y que “Cáritas no es la solución”. Pero me parece un tema fundamental para entender bien las relaciones.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/paratodosla2-rsantandreu-20140319-1130/2456247/

Y, otra semana más, regalamos 5 ejemplares de Las gafas de la felicidad, que sale hoy mismo a la venta. Entrad en el Facebook de “Para todos la 2” y responded a una pregunta que se plantea allí.

Abrazo!!!

Rafael

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Hoy hablamos de un gran modelo de fortaleza emocional: Mahatma Gandhi, un campeón de la Aceptación Incondicional de los Demás.

Por cierto, animo a todo el mundo a que leáis la Autobiografía de Gandhi; a ver si os volvéis gandhianos como yo.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-entrevista-rafael-santandreu-aceptacion-incondicional/2110427/

Abrazo!!

Rafael

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Hace dos años más o menos, o quizás tres!!, uff!! cómo pasa el tiempo… cuando Rafael acababa de inaugurar su blog, escribió un artículo muy interesante que se titulaba: “Las críticas que sientan bien”, es un artículo que me gustó mucho y me pareció revelador, os animo a que lo busquéis y lo leáis. Hoy he recordado un episodio que me pasó hace unos días, que ya había olvidado y, que tiene que ver con ese artículo que escribió Rafael hace tiempo, tiene que ver con las críticas…

Uno de mis defectos es que soy súper impuntual… sí ya sé que no está bien… pero  por mucho que me lo proponga no hay manera, incluso mis compañeros de trabajo me hacen trampitas para que consiga llegar puntual. La última fue que cada vez que llegara tarde tendría que pagarles el desayuno!!!, al final por pena, me dejaron estar… porque encima de llegar tarde, me hubiera arruinado!!!

No hay manera!!!, dicen que es una baja tolerancia a la frustración, que quiero que el tiempo se adapte a mí… no sé… cuando me pongo nerviosa porque llego tarde me acuerdo de lo que decía el jefe samoano: “El tiempo es paz y tranquilidad…”, pero claro, eso me lo he grabado con fuego y no me ayuda a espabilarme… je, je… y… llego tarde. Evidentemente la culpa no es del jefe samoano, es una broma… es como si ya me hubiera acostumbrado a esos nervios que se sienten cuando llegas tarde a los sitios… mi familia y amigos ya me han dejado por imposible, hasta mis hijos bromean con mi impuntualidad… es lo que hay y estaría bien que lo cambiara algún día, ¡¡¡claro que sí!!!

Pero bueno, el post de hoy viene porque el otro día en una reunión una persona delante de todos los presentes, se quejó de mi impuntualidad, no venía a cuento, pero explotó y soltó sapos y culebras por su boca. Yo aluciné, primero me sorprendí de que el centro de la reunión no fuera el tema a tratar sino mi impuntualidad!!! y más cuando a esa persona no le afecta mi impuntualidad en sus labores… y luego me empezó a entrar una rabia que casi exploto, mis venas se iban hinchando poco a poco… No me lo podía creer!!!, cómo se atreve!!!, delante de todo el mundo!!!!, menuda petarda!!! pero ¿qué pretende?, evidentemente no vi en su crítica una oportunidad de aprendizaje, de entrenamiento de lo que estamos aprendiendo, ni de nada….le hubiera tirado mi libreta de notas a la cabeza….

Sí, ya lo sé, todo muy irracional, la TREC no me funcionó…Lo gracioso es que lo que a mí realmente me sentó mal no fue la crítica en sí, sino que lo dijera delante de todo el mundo, me dio VERGÜENZA que se sacara un defecto mío…. y más cuando mi exigencia perfeccionista aún anda por ahí haciendo de las suyas… y el resultado es que sentí rabia hacia aquella persona. Al final no hice nada, con una sonrisa falsa aguanté el chaparrón aunque por dentro era una olla en ebullición.

Pero luego en casa reflexioné sobre el tema, estaba claro que tenía que trabajar algunos asuntillos….  Evidentemente el ser impuntual puede fastidiar a los demás, si fastidia en exceso habría que ver por qué… pero este no era mi caso, mi problemilla era ¿por qué me sentó tan mal esa crítica?

Después del sofocón mi cabecita abandonó la parte irracional y volvió a la lógica:

– “Mónica, que los demás te critiquen no es tan malo, que yo haya sentido rabia por lo qué pensaba de esa crítica es muy irracional, primero porque es probable que algunas actitudes mías puedan incomodar a la gente, yo no soy perfecta y a veces no actúo de la mejor manera… segundo, porque no tengo por qué caer bien a todo el mundo y tercero que se diga en público que soy impuntual no es tan grave, o ¿a caso no es verdad que llego tarde?, si esa persona lo dice con rabia y le afecta en exceso es su problema y no el mío, pero el contenido es cierto: Llego tarde y eso puede resultar un poco incómodo que no terrible para los demás…”

– La vergüenza de que nos saquen los trapos sucios delante de los demás no tiene razón de ser, a veces no actuamos de la mejor manera y es así, que se haya puesto de manifiesto mi impuntualidad puede ser una oportunidad de aprendizaje para mí, primero de ejercicio contra la vergüenza y segundo es una oportunidad para que me responsabilice de mi impuntualidad y  me anime a ser puntual.

– Las críticas pueden ser oportunidades para mejorar. Para mejorar mi vergüenza y mi impuntualidad.

– La condena a quien hace la crítica también es muy irracional, ¿o es que todo el mundo tiene que comportarse como a mí me gustaría?

– La condena a uno mismo por ser impuntual tampoco tiene lógica, o ¿es qué yo soy sólo mi impuntualidad?, es interesante que me responsabilice de mi impuntualidad pero responsabilizarse no significa condenarse.

Todo esto rebajó mi rabia hacia la persona autora de la crítica, ¿por qué no va a tener derecho a expresar lo que siente sea o no racional…?, la gente no tiene ninguna obligación de comportarse como a mí me gustaría y… todo esto me hizo reflexionar sobre lo bueno que sería aprender a ser puntual… todo un aprendizaje!!!, como dijo Rafa: “Las críticas que sientan bien…”,

Un beso a todos,

Mónica

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ikeaHace tan solo unas semanas me llamó mi madre para pedirme que le acompañase de compras a Ikea, la macro-tienda de muebles. Le pedimos el utilitario al mi hermano pequeño y nos plantamos allí un sábado por la mañana.

Siempre me lo paso genial con ella; es una mujer divertida y agradable que, además, le encanta la decoración y se conoce Ikea mejor que los empleados de la tienda. Y así estuvimos comprando muebles para ella y algunos cachivaches para mí. Entre medias, reímos probando los dos juntos un colchón minúsculo –y cayéndonos por los lados- o escogiendo “la cortina más hortera” de la tienda.

Cuando acabamos de comprar, pagamos en la caja y fuimos a buscar la mercancía en un mostrador de entrega. Cogimos número y nos pusimos a esperar turno.

Pasó un cuarto de hora, veinte minutos, veinticinco, ¡media hora! ¡Y la cola no había avanzado nada! Definitivamente, algo sucedía. No es normal esperar tanto tiempo allí.

Pasar la mañana en Ikea es cansado porque se trata de una tienda enorme con varios pisos y acabas caminando varias horas, compres mucho o poco. Así que aquella espera extra era demasiado para mi paciencia y mis pies doloridos.

En ese momento, sentí que una fuerte emoción de impaciencia y enfado subía por mi cuerpo y empecé a decirme a mí mismo: “¡Joder, pero cómo es posible que tarden tanto! ¿Hasta cuándo nos van a tener aquí? ¡Esos currantes se lo toman con una calma increíble! ¡Ya casi son las 8 de la noche y voy a llegar tarde para ver el Barça!”

Las emociones negativas iban creciendo rápido. ¡Lo notaba claramente en mi interior!  Miré a mi madre y ella estaba tan contenta ojeando un catálogo. Y, entonces, tuve la lucidez de darme cuenta de lo que estaba haciendo y me detuve. “¡STOP!”, me dije, “¡Rafael, contrólate ya mismo!”. Como sólo habían pasado unos segundos, ni siquiera un minuto, lo conseguí con facilidad.

Lo siguiente fue muy bonito: me senté en uno de los bancos que tienen allí para los clientes, saqué mi ipod y seleccioné un álbum de Sting que hace tiempo que no escucho. Y, en minutos, empecé a sentirme bien. Me dije a mí mismo: “Puedo estar aquí tan tranquilo y relajarme. ¿Quién dice que no? Hace buena temperatura, no tengo hambre ni sed: disfrutemos del momento”.  Y, volià, ¡me relajé!

Y, mientras estaba allí, escuchando la buena música de Sting, tuve un recuerdo maravilloso de mi infancia. Recordé una ocasión en la que mi madre y yo fuimos a una zapatería de mi barrio. Debería tener 8 años. La Zapatería Querol era un comercio grande y hermoso y, mientras mi madre se probaba zapatos de tacón, yo estaba sentado en un banco, simplemente esperando. Recuerdo que me encontraba muy bien.

Era un viernes por la noche de un fantástico día de verano en Barcelona. Era feliz y estaba plenamente satisfecho de la vida, allí, sencillamente esperando a mi hermosa y cariñosa madre. Recuerdo que, en un momento dado, vi a un adolescente sentado en una silla enfrente. Era el hijo de la dueña de la tienda, buena amiga de mi madre. Y con mis ojos de niño curioso, me fijé en cómo vestía: moderno como pocos. Su corte pelo, su manera al sentarse… Me moló su estilo. Yo sería un chico guay como él.

De repente, mi madre me llamó:

–          Rafa, venga, vamos que ya estamos.

Salí de pensamientos, cogí la mano de mi madre y puse el pie en la calle. En esa maravillosa calle de mi dulce barrio de mi fantástica infancia.

Aquella noche, en Ikea, sucedió lo mismo:

–          Rafa, vamos a buscar los muebles. Ya es nuestro turno – me dijo ella.

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